El aumento de la temperatura es sólo uno de los efectos del cambio climático en los océanos

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Mientras algunas especies se verán mermadas, el calentamiento de los mares hará que otras tengan un hábitat más beneficioso, aunque serán las menos.

Cuando se habla de cambio climático y los océanos, lo primero en que se piensa es en el alza del nivel del mar, pero poco se dice de lo que pasará mar abajo.

Por ello la revista Science publica esta semana un especial analizando dichos efectos, los que aún no son entendidos del todo.

Es bien sabido que el Fenómeno del Niño u otras corrientes marinas afectan directamente a aves, mamíferos marinos y peces, por lo que el cambio climático también debería tener consecuencias sobre ellos.

Estas se traducirían no solo en cambios fisiológicos, sino también en la relación presa-depredador, asegura un trabajo liderado por William J. Sydeman, del Instituto Farallon de Estudios Avanzados de Ecosistemas en Estados Unidos.

Los vertebrados marinos no tienen la misma capacidad para mostrar respuestas adaptativas. Así, mientras que especies que evolucionaron en climas estables tendrán un menor rango de tolerancia a los cambios de temperatura -como los peces antárticos, por ejemplo-, las que habitan en ambientes más variables tendrán más posibilidades, explica José Navarrete, académico del Instituto de Ciencias Marinas y Limnológicas de la Universidad Austral.

El pingüino emperador, ejemplifica el estudio, retrasaría su reproducción en la zona occidental de la Antártica debido al cambio en los patrones en la ruptura del hielo marino, lo que provocaría una merma en sus recursos de alimentación.

Por el contrario, los pingüinos pequeños de Australia adelantarían su reproducción por el aumento de la temperatura de las aguas, ya que ello les traerá más presas disponibles. También tendrá suerte el calamar de Humboldt, que ha expandido su territorio, volviéndose un nuevo competidor para varias especies de peces.

Con los cambios, especifica la publicación, los más afectados serán las aves y mamíferos marinos, tortugas y varias especies de tiburones, ya que son menos resilientes a los cambios de temperatura por tener vidas más largas y ciclos de fecundidad anuales.

«Especies con tiempos generacionales cortos (es decir, que viven menos y por lo tanto hay más generaciones en un año) tendrán mayor capacidad de evolucionar más rápidamente y enfrentar cambios ambientales, al contrario que las que necesitan más tiempo», dice José Navarrete.

Si bien la selección natural podría preferir a los más aptos, la genética no irá a la misma velocidad que el cambio climático.

Profundidades

Aunque hay mayor conocimiento sobre las especies que viven en aguas más superficiales, lo que pasará con las que habitan por debajo de los 200 metros es casi un misterio.

Esto, porque si bien las aguas profundas ayudan a amortiguar los efectos del cambio climático, en ese proceso se vuelven más cálidas, ácidas y menos oxigenadas, cambiando fuertemente el hábitat.

Un trabajo liderado por Lisa A. Levin, del Instituto Scripps de Oceanografía, asegura que hay estimaciones de que el 80% de las especies de zonas de alta de biodiversidad de montes y cañones submarinos se verán afectados de aquí a finales de siglo.

El problema es grave si se considera que el intercambio de nutrientes entre las capas superiores y las más profundas es vital para asegurar la cadena de alimentación, y con el cambio climático este se reduciría.

Si bien algunas especies se verán beneficiadas con el cambio -al aumentar su tamaño, distribución geográfica y tener más presas disponibles-, este igualmente impactaría a las interacciones ecológicas con un efecto negativo a nivel de comunidades y ecosistemas, agrega José Navarrete.

Fuente: El Mercurio