Terminal GNL Quintero cumple diez años y dueños alistan millonaria inversión para entrar en nuevos negocios

0

En septiembre se cumplirán 10 años desde el inicio de operaciones del terminal de regasificación de gas natural licuado (GNL) de Quintero, complejo que permitió a la zona central del país superar la crisis que se desató en 2007, tras el corte total de los envíos de este hidrocarburo desde Argentina.

Hoy su principal accionista, con una participación de 45,5%, es la española Enagás, que entró a la propiedad del recinto en 2012 y es socia de la estatal Enap, que tiene el 20%, y del fondo de pensiones canadiense Omers, con el 34,5% restante.

José Antonio de Las Heras, country manager para Chile y Perú de Enagás, y quien hasta fines de abril ejerció la presidencia de GNL Quintero -posición que ahora y por los próximos dos años desempeñará el director de Enap, Claudio Skármeta-, hace un positivo balance de lo que ha sido esta década, destacando el rol estratégico que la planta ha tenido y que -dice- seguirá teniendo en dar seguridad de abastecimiento de este combustible. Y junto con ello, adelanta que se aprestan a iniciar una nueva etapa del terminal, la que considera inversiones por 100 millones de euros (equivalentes a unos US$ 112 millones).

El ejecutivo precisa que estos proyectos se ejecutarán en un período de tres años y consistirán en efectuar, por un lado, una mantención por el desgaste que tienen las principales componentes de la planta de Quintero -como el muelle de casi dos kilómetros de extensión-, y por otro, adaptarán la infraestructura para ofrecer nuevos servicios que los socios están evaluando. Esto en el marco de un plan que apunta a expandir la presencia de GNL Quintero en toda la cadena logística del gas natural en el país.

«Vemos un crecimiento gradual de la demanda en Chile del orden de 5% anual, que incluye consumo residencial y comercial, así como el mayor peso que debería tener la generación eléctrica a base de gas para respaldar a las energías renovables. Vemos además oportunidades en el sector industrial, donde actualmente está el 30% del consumo de GNL y donde los sustitutos calóricos no son tan obvios; o el transporte marítimo, con el bunkering (servicio de carga de combustible para naves); el de carga por carretera; e incluso el uso de GNL en la maquinaria minera», explica De Las Heras

El ejecutivo que hace unos días participó en las actividades que la International Gas Union (IGU) realizó en Santiago (ver recuadro) añade que: «hay distintas inversiones para diferentes nuevos negocios para los que el terminal de Quintero debe estar preparado».

Tras más de seis meses de revisión de propuestas de contratistas, están prontos a adjudicar la mantención de la planta de regasificación, cuya construcción y posterior ampliación demandaron una inversión total cercana a los US$ 1.400 millones. Los trabajos, que comenzarán durante este año, en el caso del muelle tomarán unos tres años, mientras que hay otras tareas que se resolverán más rápido, como la renovación de los brazos que permiten descargar los buques metaneros que traen el GNL, la que tomará unos doce meses, explica el ejecutivo español.
Socios hicieron ampliación de giro del terminal

«La visión de Enagás es crecer, porque Chile es un país donde apostamos al largo plazo y les planteamos a los socios que nuestra preferencia es que ese crecimiento se concrete a través del vehículo GNL Quintero, para así no tener diferentes empresas de las cuales Enagás sea accionista», Asegura De las Heras.

Con esta intención, hace unos meses aprobaron una ampliación de giro del terminal, con lo que ahora podrán ofrecer servicios de almacenamiento y regasificación de GNL en todo el país y no solo en la bahía de Quintero. La modificación también les permitirá incursionar en el abastecimiento de barcos que son propulsados con GNL, como en el caso de cruceros que próximamente podrían comenzar a arribar a los puertos de Valparaíso y San Antonio.

La inversión, que hace unos días fue ratificada por su presidente Antonio Llardén durante la entrega de resultados de Enagás, incluye adaptar el muelle para recargar barcos con GNL, pensando en realizar cabotaje desde Quintero a plantas de regasificación de menor escala que podrían instalarse en otras zonas costeras del país, donde algunas distribuidoras están tomando posiciones para abastecer este combustible a clientes residenciales e industriales.

La operación de gasoductos es otra de las actividades que ahora es parte del giro de GNL Quintero. «El acuerdo que tenemos con nuestros socios es buscar oportunidades en cualquier operación ligada a nuestro negocio principal y esto incluye entrar en activos en otros puntos del país, siempre que sea a un precio adecuado. En este interés estamos muy alineados con Enap, que también está buscando reforzar su negocio logístico, aunque con un foco más amplio en los hidrocarburos», asegura el country manager de la compañía europea.

Por el momento no figura en los planes de los socios de GNL Quintero -porque los requerimientos no lo justifican- la construcción de un tercer estanque con capacidad para contener 160 mil metros cúbicos de GNL, que reemplace al contenedor de 14 mil metros cúbicos que se usó en la etapa inicial de la planta. Esta iniciativa demandaría más de US$ 300 millones de inversión y permitiría completar los 5 millones de metros cúbicos diarios que le restan al terminal para alcanzar su capacidad de diseño (20 millones de metros cúbicos diarios de gas natural).
Técnicamente es posible adaptar Quintero para exportar GNL de Argentina

La reanudación de los envíos de gas natural desde Argentina a Chile, a fines de octubre, fue vista por muchos como un desafío para la participación del GNL en la matriz energética chilena. Sin embargo, a ojos de Enagás, la planta de Quintero seguirá teniendo un rol fundamental para el país, porque el país vecino primero tiene que probar que será capaz de mantener un suministro continuo y para ello será vital la existencia de señales claras para que las petroleras concreten las millonarias inversiones que se requieren para aprovechar, por ejemplo, todo el potencial del yacimiento Vaca Muerta.

«Se ha visto que en algunos momentos la participación del gas argentino en la matriz chilena ha superado el 50%, pero hay que ver si eso es sostenible o no y además, para pensar en exportar habría que incrementar la capacidad de los gasoductos y para esas inversiones, que serían cuantiosas, también hay que saber si el gas de Argentina estará disponible en el largo plazo o no», asegura De Las Heras.

Una vez resuelto este punto, comenta, los productores podrán pensar en llevar el gas a mercados más allá de la región por la vía de la licuefacción y teniendo al Atlántico y al Pacífico como vías de salida. Alternativa que -añade José Antonio de Las Heras- varias empresas con operaciones en ese país están analizando, aunque aún sin llegar a la etapa de detalle. En este escenario Chile y, especialmente, el terminal de Quintero tendrían un papel que jugar en la salida por el Pacífico, ya que técnicamente sería posible habilitar ahí la infraestructura que un proyecto de este tipo requiere.

«Existen ejemplos a nivel mundial de licuefacción flotante que podrían aplicarse en Quintero. Si ese fuera el caso, habría que adaptar el muelle para poder usar ambos lados y estudiar exactamente cómo responder con esa planta flotante en casos como una alerta de tsunami. Si la alternativa fuera una planta en tierra, Quintero no tiene más espacio. Sin embargo hay terrenos aledaños en la bahía que podrían utilizarse con ese fin», plantea.

YPF busca en el Pacífico un complemento para barco de licuefacción instalado en Bahía BlancaA principios de abril, la estatal argentina YPF inició las pruebas de la primera instalación en ese país para licuar gas natural extraído del yacimiento de Vaca Muerta. Se trata de una planta flotante de origen belga, que está instalada en el puerto de Bahía Blanca, Buenos Aires, y con la cual la petrolera trasandina busca probarse como exportador de GNL.

Durante un seminario realizado en Santiago hace unos días, que fue parte de las actividades en el país de la International Gas Union (IGU) -organización que agrupa a gremios que representan a los principales actores de esta industria, productores, comercializadores y distribuidores de este combustible-, el vicepresidente de Gas y Energía de YPF, Marcos Browne, anunció que la empresa está en la búsqueda de una salida complementaria por el Pacífico a partir de la adaptación de instalaciones, como las plantas de regasificación de GNL existentes en Chile.

La mirada, coincidente con la del ejecutivo de Enagás, da cuenta del rol más preponderante que se busca darle al gas natural en la región, que por distintas razones se ha quedado rezagada en el desarrollo de este combustible en comparación con mercados como Estados Unidos, Europa o Asia, según estimaciones del presidente de la IGU, Joe M. Kang.

Carlos Cortés, director ejecutivo de la Asociación de Gas Natural (AGN), que agrupa a empresas que en Chile participan en los distintos segmentos de este combustible y que fue la anfitriona de la actividad de la IGU en Santiago, destaca que al ser una fuente limpia, versátil y competitiva, este hidrocarburo puede aportar mucho, por ejemplo, a la reducción de los índices de contaminación local. Sin embargo, su participación aún es baja, con un 15% de la generación eléctrica y un 11% en el caso de la gran industria -incluyendo la minería-, pese a que en los países de la OCDE en este último segmento la participación de este combustible promedia el 30%.

Añade que en el segmento residencial, donde constituye el 12% del consumo, el gas natural se utiliza como sustituto de la leña, mientras que en el transporte tiene una participación casi inexistente.

«El gas paga un 35% más de impuesto específico que el diésel, y eso nos deja por secretaría fuera de la cancha para competir en los transportes público y pesado. Esa política debería ser corregida, porque no tiene ninguna lógica si lo comparamos con la tributación a los combustibles vehiculares en países de ingresos similares a los de Chile», resaltó Cortés.
El dirigente recordó que la llegada del gas argentino, a fines de la década del 90, primero, y del GNL después, permitieron una reducción de un tercio en las emisiones de material particulado fino (MP 2,5), el contaminante que más afecta la salud de las personas.

 

Fuente: El Mercurio