La Antártica se convierte en un inmenso laboratorio para estudiar el cambio climático

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En febrero se realizarán 27 de los 54 proyectos contemplados en el programa científico antártico para este año. Gran parte de ellos está relacionada con entender mejor el calentamiento global.

Sin precedentes es la cantidad de investigadores nacionales que ha viajado a la Antártica en los últimos tres meses, a través del programa científico del Instituto Antártico Chileno (Inach), la mayoría de los cuales se ha centrado en el impacto del cambio climático.

Tan solo ayer partieron desde Punta Arenas en el transporte Aquiles de la Armada unos ochenta investigadores, pertenecientes principalmente a las universidades Católica, de Santiago, de Magallanes, del Biobío, Austral, de la Frontera y Andrés Bello, y arribarán al continente blanco antes del viernes. Desde diciembre han viajado más de 200 científicos locales hasta el lugar.

Se trata de la tercera fase de la expedición científica antártica (ECA), también conocida como Antártica Marítima, ya que involucra mayoritariamente actividades de navegación. «La primera fase de la ECA fue desarrollada en la Estación Polar Científica Conjunta Glaciar Unión, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, mientras que la segunda fase se llevó a cabo en la Base Profesor Julio Escudero, ubicada en las Islas Shetland del Sur, y el Remolcador Lautaro de la Armada operó como soporte logístico», explica Paulina Rojas, coordinadora científica del Inach.

Fase marítima

Esta tercera fase contempla la realización de 27 proyectos nacionales, además de actividades conjuntas con Japón y China. Así, la Antártica se transforma, por este mes, en un laboratorio viviente.

Es así como la ecóloga Tamara Contador, de la U. de Magallanes, analizará el impacto del calentamiento global en ecosistemas de agua dulce, usando la mosca antártica ( Parochlus steinenii ) como modelo de estudio.

También relacionada con el cambio climático está la investigación de la bióloga Beatriz Diez, de la U. Católica, quien estudiará los cambios en las comunidades microbianas debido a los deshielos. Por su parte, el biotecnólogo Sebastián Fuentes, también de la UC, se preocupará de los microbios, pero terrestres. A Fuentes le interesa saber cómo les impacta la creciente actividad humana en el continente helado.

El geólogo de la Unab Francisco Hervé quiere determinar cuál ha sido la evolución de la temperatura en la península antártica, mientras que el trabajo de la bióloga molecular Isabel Valdivia, de la U. Austral, se centrará en la biodiversidad de los parásitos de los peces antárticos y cómo esta podría verse afectada con los cambios térmicos.

El Inach también prepara una investigación propia, a cargo del biólogo marino César Cárdenas, que monitoreará el impacto del cambio climático en las esponjas de mar antárticas.

En tanto, el equipo liderado por el climatólogo Pedro Llanillo, de la Usach, estudiará la influencia de los cambios de los niveles de ozono en la atmósfera y en el océano, para entender sus repercusiones globales; mientras que el físico Alessandro Damiani, de la misma universidad, investigará la influencia de la radiación solar en los ambientes polares.

El «Aquiles» no solo lleva científicos al suelo polar. El buque trasladará cerca de 400 toneladas de carga y 534 mil litros de combustible en demanda de cinco operadores nacionales, del Centro Aeroespacial Alemán (DLR), la base ecuatoriana Pedro Vicente Maldonado y la St. Kliment Ohridski de Bulgaria.

Fuente: El Mercurio