Lo que hasta hace poco era un secreto bien guardado en coctelerías de Santiago o en las mesas familiares del norte de Chile, hoy cruza océanos y se instala con fuerza en el otro lado del mundo. El pisco chileno, ese destilado nacido entre cerros y viñedos bañados por el sol del desierto, encontró un nuevo hogar: China.
En 2025, el país asiático se convirtió en el principal comprador internacional de esta bebida nacional, desbancando por primera vez a mercados más cercanos y tradicionales. Las cifras hablan por sí solas: las importaciones chinas superaron el millón de dólares, con un crecimiento explosivo del 461% en solo un año. Un salto que deja atrás los 178 mil dólares de 2024 y que representa más de una cuarta parte del total exportado por Chile en este rubro.
Pero más allá de los números, lo que está ocurriendo en China tiene un sabor especial. No es solo que compren más; es cómo lo hacen. El pisco chileno está aterrizando en el segmento premium asiático, en barras de hoteles de lujo, restaurantes de alta cocina y cocteles de autor en Shanghái y Pekín. Allí, donde el público valora la historia detrás de la botella, el destilado chileno empieza a contar la suya.
Detrás de este despegue hay una estrategia clara. La campaña internacional «Chilean Pisco, First Spirit» ha puesto el foco en Asia como un territorio clave, con acciones comerciales y alianzas que buscan instalar al pisco como un producto de origen, de calidad y con personalidad propia. El plan es ambicioso: que el pisco en China no sea una rareza, sino una categoría reconocida, como lo son hoy el vino chileno, el salmón o las cerezas.
Y todo comienza en un lugar muy específico. En los valles de Elqui y Limarí, donde el clima semiárido y la luz única del norte chileno dan origen a un destilado con identidad profunda. Allí se producen cerca de 35 millones de litros al año, aunque hasta ahora más del 90% se quedaba en Chile. El giro hacia Asia representa, entonces, un cambio de página para toda una industria.
“Esto es bien potente, porque recién estamos saliendo al mundo con un producto que históricamente se ha consumido en Chile”, reflexiona Manuel Schneider, gerente del gremio de productores. La meta ahora es sostener el entusiasmo, aprender a leer los gustos del consumidor chino y consolidar lo que hasta hace poco parecía un sueño lejano: que el pisco chileno brille también del otro lado del planeta.
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